¿Guillier?

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La insistencia mediática en el posicionamiento de la figura de Alejandro Guillier, va generando de manera irremediable que este “independiente” prenda en la frustración generalizada que hay entre la gente que mira con relativa atención la realidad política nacional. Sin mucho esfuerzo, termina superando a Lagos y ese solo hecho genera la sensación ambiente que Guillier es el cambio.

Es que no queremos más Lagos ni más Piñera reclama la gente airada. No queremos más de lo mismo. Pero al momento de preguntar qué político representa una superación concreta de esos políticos, la respuesta es insólita: Guillier. ¿Qué hace que ese ex comunicador de televisión, vocero de las isapres y que llegó al Senado de la mano de la Nueva Mayoría pueda representar un cambio, es decir un gobierno que sirva a intereses distintos a los que sirvió Lagos?. Nada, la verdad nada. La política en Chile es hoy un club social de difícil acceso en la que no se juega nada. No hay proyecto alguno que altere ni milimétricamente un modelo económico basado en la privatización de lo que durante largas décadas fueron derechos sociales, digamos salud, educación y vivienda a modo de ejemplos.

Entonces, ¿Qué es Guillier?, nada. No es un proyecto político nuevo, es la continuación de la forma de gobernabilidad a la que nos acostumbró la Concertación y que empeoró con el ingreso del PC a una coalición que agonizaba y a la que se le puso suero y oxígeno. Los comunistas sacaron los dos pies de las calles, institucionalizaron su conducta y terminaron más incondicionales a la presidenta que los partidos que gobernaron desde comienzos de los 90.

¿Y a dónde va Guillier entonces? A donde han ido todos los presidentes de la República en estos 25 años de duopolio: gobernar sobre la base de un consenso con el alto empresariado en que la estabilidad política está determinada por el respeto a las reglas del juego, es decir a un modelo económico neoliberal que por neoliberal es esencialmente sádico y maltratador de pueblos. Una forma de gobierno en que las migajas son presentadas como conquistas y las comas, los puntos y los paréntesis legislativos son presentados como reformas.

En 25 años no cambiaron nada, los ciclos de las crisis económicas se resolvieron por la vía de los bonos y la creación de comisiones de expertos que terminaron en nada porque en cada una de ellas -e insólitamente- siempre estuvieron presentes los dueños de los grandes capitales que controlan la previsión y la salud de millones de chilenos.

Pero 25 años de estancamiento no son exclusiva responsabilidad de eso que llamamos “duopolio”. Pocas veces nos hacemos cargo de la vida de rebaño, de la enajenación masiva y hasta de la cobardía que tolera este maltrato sistemático. Antes de endosarle todas las culpas del mundo “a los políticos”, hay que mirarse un poco como pueblo, y percatarse que si todo este modelo económico sigue en pie es porque ha sido históricamente tolerado por quienes optaron por lloriquear desde Facebook en lugar de unirse a la marcha que por pequeña e insignificante tarde o temprano puede transformarse en aguacero. Así comenzó la lucha contra la AFP, por ejemplo.

Y si no le gusta esa idea, bueno, haga como cree que Guillier sí es el cambio. Disfrútelo.

 

 

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