El Frente Amplio en la Encrucijada, donde los Movimientos Populares le Señalan el Camino

 

 

Primero, mirar en la historia larga y a nivel mundial:

El Frente Amplio es mucho más amplio ideológicamente de lo que fue, por ejemplo, el frente de la Unidad Popular, diversos integrantes de diversas organizaciones de las que hay en su interior han dicho que no son de izquierda y que el FA no debiese posicionarse como tal. Además, la mayor parte de sus integrantes son de clase media, y una parte menor, de la clase popular. Tampoco se logró en su constitución que se declarara anticapitalista sino apenas, antineoliberal. Partiendo de esta base, no queda más que reconocer que el FA es, en su composición, amarillo, tiene bastante blanco y poco rojo. Dicho esto, y ya mirándolo en el tiempo largo de la historia de la modernidad capitalista, el FA no es, como por ejemplo si lo es la candidatura de Guillier, un fenómeno del tiempo eventual, pasajero históricamente aunque resultara electo, sino que el FA es un fenómeno de la coyuntura histórica, del tiempo medio, es decir, que refleja cambios que se conservarán y probablemente ampliarán como grietas en la política Chilena, en fin, un fenómeno en el cual las dimensiones estructurales se asoman desde el presente cotidiano, pero superan el corto plazo. En Chile no ha habido nada semejante desde hace 44 años tras la dictadura cívico-militar, casi medio siglo ha pasado y costado, que se levante, con mediana efectividad, una fuerza política que se oponga a la derecha y a la derechizada vieja izquierda que pactó con la dictadura. En este sentido, el FA ya tiene una potencia y un lugar en nuestra historia que no son despreciables, y las pocas fuerzas anticapitalistas que participan de él, como Igualdad, supieron apreciar y están sabiendo disputar, desde dentro y con las patas en el barro, para que sea algo más, todo lo más que desde la óptica antisistémica puede y está, aún,  llamado a ser.

Al mismo tiempo, no podemos olvidar que este fenómeno coyuntural se enmarca en el contexto de la historia estructural, la de más larga duración, y uno de cuyos rasgos más resaltados es la crisis del Estado y de la legitimidad que en el depositan las grandes mayorías después, de una historia (al menos desde la revolución mundial de 1848), de contradicciones y traiciones, de cooptación, invisibilización, represión y despojo.

En los presentes comicios, la abstención electoral sigue siendo altísima, aproximadamente un 55 % del padrón electoral no asistió a las urnas, haciendo de Chile el país del continente con menor participación electoral, sin embargo, esto es claramente un fenómeno mundial, lo que podríamos llamar una tendencia secular del sistema. Lo que a los ciudadanos de a pie, pero también a los pueblos organizados y movimientos sociales les va quedando cada vez más claro, por nuestra historia de fracasos, es que la liberación no vendrá por la mera toma del poder estatal, ya sea por las buenas (urnas) o a la mala (fierros), porque el patrón de poder colonial del patriarcal-capitalismo está disperso en otras dimensiones del sistema, principalmente en la económica, así como en la militar, comunicacional y cultural, pero también, porque hay otras estrategias antisistémicas que al menos parecen hoy más promisorias para resistir, como la construcción de poder popular constituyente vía autogestión social y productiva. Sin embargo, como empieza a ser visto por señeros movimientos anticapitalsitas, como los Zapatistas en México, no hay poder popular que pueda evadir el ineludible problema histórico del Estado, de su omnipresencia y su alta potencia destructiva en manos de las derechas y las viejas izquierdas. Al mismo tiempo sabemos que quienes no votan son en su gran mayoría los más pobres, y de entre ellos los jóvenes, que son paradójicamente los más directa y duramente afectados por quienes comandan la maquina estatal al servicio de los ricos y poderosos.

Segundo, mirar desde abajo y con los de abajo:

¿Quiénes son los de abajo? Las grandes mayorías, quienes sufren con mayor impacto la opresión, explotación y discriminación del sistema mundo capitalista, sean o no conscientes de su posición e intereses de clase, sean del campo, la ciudad o el mundo indígena.

El Movimiento de Pobladores y Pobladoras en Lucha (MPL), del cual soy militante, así como los otros movimientos compañeros que integran Igualdad, herramienta partidaria (y no mero partido) que es, hasta hoy, parte del Frente Amplio, saben, porque han luchado en las calles por más de 14 años, que dar el combate sólo en la calle no basta, pues más temprano que tarde llega la autoridad de turno con su habitual prepotencia y poder represivo, y de un plumazo, cierran una red de jardines infantiles que tomó años construir, o desalojan una toma en Calama y sin asco envían a los pobladores al desierto, etc., etc., etc. También saben, porque han vivido teniendo que encarar a la clase política, y tenido que sufrir la política pública estatal, estudiar en los liceos públicos, comer la comida del Estado y habitar las viviendas del Estado, que no se puede luchar sólo desde el Estado, pues para conservarse en el poder sin la legitimidad que podría darle un pueblo organizado autogestionariamente a un gobierno popular, la clase política debe hacer oscuros compromisos y concesiones programáticas que dejen tranquilas a las elites nacionales y trasnacionales. ¿Quiere esto decir que una izquierda radical no tiene futuro? En verdad es un dilema mucho más grande de lo que se suele pensar, de hecho parte del dilema civilizacional, pero no, sí habrá futuros posibles mientras hayan alternativas, y alternativas hay, el problema es que no se las busca donde están, abajo a la izquierda. Por todo el mundo hay alternativas que en base al trabajo autogestionario complejo realizan los movimientos anstisistémicos, los pueblos vienen sembrando y cosechando alternativas, sean los Kurdos, los Zapatistas, los Sin Techo y los Sin Tierra brasileros, los Piqueteros argentinos, los Pobladores chilenos, etc. Se trata de un tipo de trabajo que permite producir socialmente el hábitat poniendo al centro la dinámica asamblearia de los productores libremente asociados, y que implica un programa político nacional-popular, que comparte un horizonte común, ni patriarcal, ni colonial, ni capitalista, que unos llaman socialismo autogestionario, otros utopía, otros, paraíso, pero que en pequeña escala existe y enraíza en este mundo, en estas realidades. Las tácticas para realizar esto difieren, e incluso a veces la estrategia. El MPL y nuestros compas de Igualdad y sus aliados, tenemos una táctica-estrategia particular, que señalamos diciendo que  nuestra lucha ha de ser dada contra el Estado, sin el Estado y desde el Estado. Esto quiere decir, primero, que la lucha es sin cuartel hasta que despunte otro tipo de sistema mundial igualitario, democrático y fraterno, y que el Estado moderno, en tanto herramienta de las burguesías, diseñado y operado por ellas, que personalizan en cada localidad al Capital, debe ser combatido hasta desintegrarlo, paulatinamente, pero sin medias tintas. Segundo, que el corazón de la táctica y la estrategia, es nuestro mismísimo horizonte, el cual debemos prefigurar hoy en nuestras relaciones cotidianas y no esperarlo como un dorado mañana, esto es, que al centro está y ha de estar siempre, la democracia asamblearia y la producción autogestionaria, las que permiten la realización y conservación de la autonomía comunitaria y personal, así como el bienestar de las grandes mayorías. Tercero, que para poder construir poder popular constituyente del modo señalado, y para poder desintegrar el Estado moderno, requerimos, por una parte, recuperar los recursos estatales que el Estado, en enormes cantidades, arranca de la población y de la Madre Tierra, dizque para redistribuirlo, pero redistribuyéndolo inequitativa y autoritariamente a favor de los pocos que tienen mucho. Y debemos hacer esto sin caer en la trampa de la clientelización, entendiendo que se trata de una recuperación, la que solo se logra movilizándose masivamente. Por la otra parte, requerimos recuperar progresivamente espacios decisionales en el Estado, para convertir el poder estatal en poder popular, permanentemente fiscalizado por las asambleas de base en todos los territorios y de manera transectorial (trabajadores, indígenas, campesinos, estudiantes, mujeres, etc.).

Tercero: ¿Votar por el mal menor o por la construcción del pueblo con el pueblo?

A diferencia de lo que piensa la mayoría de los integrantes del FA, nosotras y nosotros NO pensamos que un gobierno o un parlamento va a hacer la diferencia que buscamos, se de Sánchez, de Guillier o de Allende, esa diferencia sólo la pueden hacer los pueblos cuando alcanzan la madura fuerza de su auto organización (y en medio de alianzas internacionalistas), para lo cual sin embargo, y mientras subsista el capitalismo, se requiere el apoyo, que no el comando, de un gobierno popular. Además, no vemos este proceso de manera secuencial como por etapas programadas, en cada jugada nos vamos jugado el todo, y mientras levantamos candidaturas populares y autoridades populares, vamos produciendo autogestionariamente el hábitat social por los territorios, resistiendo y atacando al Estado y a los poderes económicos, aliándonos transectorialmente con todas las fuerzas en lucha, incluidas aquellas que sólo se definen como antineoliberales mientras la coyuntura lo permita, y también con aquellas que no quieren saber nada con el Estado. Sabemos que no podemos ser ni sectarios ni amarillos.

El FA, es un frente ideológicamente mucho más amplio de lo que es deseable para cualquier proyecto genuinamente comprometido con la lucha contra el patriarcal-capitalismo, sin embargo tomamos nuestra decisión de hacernos parte con la claridad de que hoy, para seguir luchando contra los enemigos de la humanidad de una forma eficaz, hay que transitar en la tensión permanente entre la unidad de acción táctica con otros que comparten al menos la lucha contra el neoliberalismo, y entre la inclaudicable radicalidad estratégica del horizonte anticapitalista del Buen Vivir

No hay posibilidad de justificar los medios para alcanzar un fin cuando los medios hacen imposible alcanzar el fin, de hecho, el fin no justifica los medios, por el contrario, establece cuales son los medios posibles. Ser parte del FA, hasta aquí, ha sido un medio para seguir fortaleciendo la convergencia de las luchas anticapitalistas de los pocos que se atreven a poner al centro del proyecto político, la construcción de poder popular y la autogestión social del hábitat, mientras simultáneamente luchan en el día a día contra el Estado por los derechos sociales, y desde el Estado, recuperando recursos y espacios decisionales en el estómago del monstruo, pudiendo así resistir y atacar por todos los frentes.

Mi opinión personal como militante y como científico social, así como la de muchos compas e investigadores, es que actualmente estamos viviendo los turbulentos tiempos de una transición civilizacional desde un sistema capitalista senil y moribundo, a un nuevo sistema aún por configurar, el cual puede terminar siendo uno que conserve los peores rasgos del capitalismo (inequidad, autoritarismo y polarización) o uno que sea igualitario, democrático y solidario, pero no hay victoria asegurada al final del túnel y no será la izquierda radical y popular la que destruya al sistema, este cruzó el umbral de sus posibilidades por vía de su propia dinámica ineluctablemente autodestructora, así, presenciamos hoy el caos geopolítico de su crisis estructural. Por eso es imperioso recuperar la mirada histórica larga, para entender lo que se juega y como nos lo jugamos. En Nuestramerica y en todo el mundo, los esfuerzos cotidianos de la izquierda radical-popular, de todo tipo, afectan la configuración del posible sistema de reemplazo, en el medio plazo. En lo táctico el debate debiera poder ser sobre el corto plazo, ya que lo que hacemos a corto plazo afecta el ciclo del medio plazo, aún si no podemos verlo todavía o su realización es demasiado parcial. Pero en lo estratégico la centralidad la lleva el medio plazo, ya que ahí nos jugamos el enraizamiento de nuestro horizonte en el largo plazo, mientras sigue desmoronándose por doquier el sistema mundial capitalista en las décadas por venir, y en tanto, resistimos, construimos poder popular y contra atacamos en cada frente posible, ya que esta, es una larga maratón, y no una carrea de 100 metros planos.

Es cierto que un gobierno de derecha la mayor parte de las veces puede ser peor que un gobierno de pseudo izquierda, pero no siempre, y además depende de donde se encuentre uno, por ejemplo, en el Wallmapu, o en una toma, o en un gueto de la pobla. Y tampoco es cierto que votar por el mal menor siempre sea la táctica más afortunada, hay que poder mirar lo que está en juego reflexivamente, soltando las propias certidumbres. Mi opinión es que esta no es una de esas veces, primero, tácticamente hablando, porque hoy, con los parlamentarios electos del FA, habrá una bancada parlamentaria suficientemente amplia para evitar que un posible segundo gobierno de Piñera pueda hacer lo que se le plazca, habría una oposición que estaría en condiciones de fiscalizar y bloquear muchos proyectos neoliberales, lo que redundaría en fortalecer la legitimidad social del FA. En segundo lugar, estratégicamente hablando, no hay forma de que el FA pueda disciplinar a quienes votaron en primera vuelta para que en segunda voten por Guiller y más importante aún, de intentar hacerlo, el FA se juega el único verdadero tesoro que tiene: la elevada cuota de legitimidad que la sociedad civil le ha endosado al verlo como una alternativa honesta, precisamente porque pretende acabar con los pactos y las concesiones que harían de él una nueva vieja izquierda rápidamente senilizada. De la mano de esto, está la posibilidad de darle a la Nueva Mayoría, ese terco zombi concertacionista, la estocada final, o al menos, negarse a darle la respiración boca a boca (nauseabunda por lo demás) que podría revivirlo por un poco más de tiempo. Cuando se gana junto a los que defienden al capitalismo es siempre el capitalismo el que gana. Alejandro Guillier encarna esto.

Guillier no tiene margen para poder no pactar con la derecha, se verá en el “aprieto” de tener que vender al mejor postor, la salud y la educación pública que queremos, hipotecaría la Asamblea Constituyente, permitiría que continuaran esquilmándonos con el perverso sistema de las AFP, no haría una verdaderamente liberadora reforma del trabajo, ni que decir respecto a la autonomía de los pueblos indígenas y a un largo etc. de propuestas que de hecho él ni siquiera desea.

Los pueblos, en tanto fenómeno de conciencia, de entendimiento de sí mismos, se van construyendo cotidianamente pero en el camino del mediano plazo, siempre y cuando aprendan a confiar en sí mismos, en sus asambleas y representantes, sin líderes que coopten su soberanía, y pudiendo participar de procesos honestos que los involucren y propicien su participación. Si el FA no se atreve a apostar por el largo plazo, mas allá de la fiebre electoralista, y no se atreve a apostar por los pueblos de este territorio que es Chile, lo perderá todo, antes siquiera de haber tenido su oportunidad de hacer historia.

Además, las fuerzas de izquierda radical-popular, sabrán que no hay posibilidad de seguir alimentando una organización que no estuvo a la altura ni de su antineoliberalismo, lo denunciarán y saldrán de el con la frente en alto, las manos limpias, y en el mejor de los escenarios posibles, fortalecidas por un nuevo contingente de luchadores sociales que tomando distancia del FA, se unirán a la lucha contra, sin y desde el Estado que en este periodo conducen los movimientos populares, e Igualdad, el único partido del FA que tiene no solo un programa sino también una estructura, autogestionaria, gracias a la cual los movimientos y comunidades en lucha conservan su autonomía.

El FA podría, tal vez, si las elites que están en él soltaran sus privilegios de clase, raza y género y miraran hacia abajo, hacia la sabiduría popular de liberación que aquí palpita, llegar a convertirse en una potente herramienta autogestionaria de producción social del hábitat al servicio de un Chile que está naciendo, un Chile cuyos sueños son tan grandes que no caben ni en las urnas ni en el patriarcal-capitalismo. Para eso, tendría que hacer también lo que dijo que haría, ser más que un frente electoral, y enraizarse en los territorios potenciando la producción de poder popular constituyente. Ojalá así sea, sino, igualmente los movimientos populares seguirán avanzando como hasta hoy, y el tren de la historia pasará de largo, pasará de frente.

Ignacio Muñoz

Militante del MPL-Igualdad.

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