Para la discusión sobre la cuestión bolivariana y cubana. A las pre candidaturas presidenciales del Frente Amplio, a sus comunales y organizaciones.

Por Javier Sandoval Ojeda

Reconociendo como contenido político y programático del partido Igualdad la integración latinoamericana económica y política, el respeto a la soberanía de los pueblos y la solidaridad antiimperialista con los procesos emancipatorios del hemisferio -sin que esto signifique la intención de hacer copia de ellos-; se propone a continuación un abordaje y tratamiento respetuoso y solidario al respecto, que considere los siguientes puntos.

Profundidad e integralidad en enfoque de derechos. Se debe sobrepasar la lógica política, acrítica en los hechos, que –primero- antepone ciertos derechos civiles falsificados y mal calibrados (libre expresión, sistema electoral partidista) a otros derechos universales objeto de discusión programática en este momento en el FA; y –segundo- que omite la condición de históricamente mermados y/o mercantilizados de unos y otros, distorsionándolos para consagrar un régimen político de exclusión.
Confrontación mediática. Enfrentar la estratégica de los poderes de las clases dominantes alojada en los Medios, orientada a manipular información para aislar a gobiernos populares y progresistas de AL, singularizando situaciones como la cubana y venezolana con campañas basadas en sensibles problemas sociales (desabastecimiento, violencia, etc) inducidos y financiados precisamente por quienes los “denuncian”, así como tergiversados mediáticamente para construir estados de opinión pro desestabilización. (Ejemplo del absurdo y falso dilema mediático: se cuestiona la forma de participación popular en Cuba v/s se ocultan permanentes asesinatos sociales y políticos en Colombia o se diagnostica censura en Venezuela v/s se pasan por alto asesinatos masivos de periodistas, además de maestros y niños en México).

Estados Unidos. Desenmascarar lo anterior vinculándolo a los crímenes contra la humanidad y atropello internacional crónico de Estados Unidos a los países y procesos que desafían su interés hegemónico. Es imprescindible discutir, repudiar y confrontar seriamente a los agresores de los pueblos en lugar de juzgar a estos últimos como si vivieran situaciones de normalidad. Enmarcar sus limitaciones o errores en el contexto más grave e inaceptable que los sobredetermina.
Concepto de “Dictadura”. Reflexionar al mismo tiempo sobre el hecho de que aplicar la categoría “Dictadura” como se hace, en forma selectiva, arbitraria y reiterada contra estos gobiernos y procesos políticos no favorece la ampliación y avance de las transformaciones para las mayorías en sus países. En la práctica justifica la sedición, intervencionismo, acoso y ofensiva neoliberal, toda vez que en el imaginario colectivo a las “dictaduras” (más allá de las distinciones entre “tipos” que se pueden hacer) se las homologa, se les niegan puentes, se les cierran oídos y se les combate. Esto es exactamente lo que necesitan las poderosas fuerzas reaccionarias para boicotear, debilitar y eventualmente invadir en pos de sus intereses históricos de saqueo, explotación y enriquecimiento.
Concepto de “Democracia”. Cuestionar con decisión el reverso chileno de la condena hacia los mencionados procesos. Esto es: el consenso ideológico “democrático” que valida la situación de los derechos humanos y civiles en Chile definiéndolo como una Democracia genuina o aceptable solo porque muestra “estabilidad”; arrinconando una y otra vez la energía transformadora al ámbito de las malas “prácticas”, de la “ejecución” de la política dentro un marco democrático supuestamente legítimo –aunque “imperfecto”- en circunstancias que vivimos bajo un régimen económico financiero oligárquico, antidemocrático y antipopular. (En caso de diferencia semántica a lo menos se le debe deconstruir en cuanto democracia falsa, de los ricos, empresarial, burguesa etc, en definitiva opresora de las mayorías)

En consecuencia el FA y sus candidaturas deben rechazar el enfoque académico liberal del binomio “Democracia-Dictadura” instaurado en Chile de la mano de parámetros tendenciosos y de una interpretación conservadora y reaccionaria de nuestra propia historia. Tampoco aceptar el rótulo hipócrita de que pretendemos “importar modelos”, dado que aquí el verdadero desvarío es precisamente el contrario: se desahucia a quienes no funcionan como Chile.

La invitación a las precandidaturas del FA a la Presidencia es a un posicionamiento compatible los planteamientos anteriores en esta materia, entendiendo que esta contempla: Los derechos, las democracias, las dictaduras, los medios y el peso y rol internacional de EE.UU. A evitar pronunciarse en contra de los procesos de soberanía y antiimperialismo en el continente, explicando sin someterse a la lógica reinante en los medios. A establecer que en los mencionados países existen legítimamente otras formas de participación y gobierno que no tienen por qué ser obligadas a –y boicoteadas para- parecerse a las de México o EE.UU, y que no pretenderemos ser nosotros en el FA los promotores de que la democracia liberal chilena es modelo de algo para los pueblos.

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